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¿Qué dijo ayer, exactamente, Li Keqiang?

Las asambleas anuales chinas han comenzado con un mensaje claro: China sacrificará parte del crecimiento económico para completar su modernización ¦

Es difícil comprender como la reducción del crecimiento económico en cualquier país, por ejemplo China, pudiera llegar a ser una buena noticia. Pero, en este caso, la cifra “aproximada” del 7% fijada por el primer ministro, Li Keqiang, ha superado las expectativas más optimistas. “Si China se hubiese acercado a un crecimiento del 8% en 2015, estaría retrasando una reforma económica tan necesaria como ineludible para el país”, comentaba recientemente Wang Tao, economista jefe de UBS-Hong Kong, en una circular enviada a Capital China. El primer ministro Li también parece ser consciente y por ello no eludirá ninguna de las reformas pendientes, según lo escuchado este jueves aquí en Pekín. “Las reformas y el potencial del mercado tienen un poder ilimitado”, llegó a decir Li Keqiang, cuyo discurso ayer fue mucho más liberal que comunista. En realidad, apertura y reforma de los pocos anacronismos que todavía pudieran quedar del maoísmo, fueron las ideas más repetidas durante su discurso.

China crecerá tres puntos porcentuales menos que hace cinco años pero seguirá creando diez millones de empleos también en 2015. Esto se debe a un cambio de modelo, basado en consumo y servicios, donde las masivas inversiones públicas deberán ceder protagonismo. Hacer carreteras, aeropuertos y viviendas residenciales aporta mucho al PIB, más que abrir nuevas tiendas o restaurantes, pero ambos sectores pueden generar los mismos puestos de trabajo. Además, las industrias de servicios pueden ser rentables durante años, mientras que el ladrillo y otras infraestructuras innecesarias, no. Este menor crecimiento, por tanto, debe servir para diversificar desde los omnipresentes sectores estatal e inmobiliario hacia otros más relacionados con la iniciativa privada. A este respecto, Li Keqiang promete también un mayor desarrollo de los mercados financieros, precisamente para que la pequeña y mediana empresa pueda financiarse. El caduco modelo de inversión estatal vía financiación bancaria, también pública, ha quedado sentenciado ya como único motor del crecimiento en China.

Li Keqiang identificó ayer varios riesgos, aunque ninguno relacionado con la presunta burbuja inmobiliaria o las deudas del gobierno. “El déficit público subirá tan sólo dos décimas, hasta el 2,3% del PIB”, zanjó Li. Se anunció, también, una garantía de los depósitos bancarios, lo cual indica que se sigue trabajando para liberalizar el Yuan. Y, al hablar de “eficiencia al asignar los recursos productivos”, Li volvió a hacer temblar algunos monopolios. “Ahora China quiere que los extranjeros inviertan aquí”, señala a Capital China el diputado Zhu Jianmin, “la economía está abriéndose rápidamente y hay oportunidades para todos”. En materia turística, por ejemplo, China emitió cien millones de turistas sólo el pasado año. Sin embargo, hasta España tan sólo llegó un 0,3% del total, a pesar de que nuestro país es una potencia mundial en este sector.

La estabilidad política y social se impuso también, un año más, a los derechos humanos. Sigue habiendo censura en Internet, un partido único y la libertad de expresión no está garantizada. Y sobre las demandas de elecciones en Hong Kong, por supuesto, ayer tampoco escuchamos una sola palabra. En los círculos internos del partido el debate sobre una apertura política gradual está abierto pero, como deducimos ayer, todavía no aparece entre las principales prioridades. Es más, la economía tiene su derivada, incluso, en las relaciones que mantiene China con el resto del mundo. La “diplomacia económica”, como se conoce oficialmente, tiene entre sus objetivos promover un nuevo orden multipolar siendo China uno de los polos más visibles en Asia-Pacífico. El banco creado recientemente por las naciones emergentes BRICS, además del Asia Development Bank para financiar infraestructuras, fueron destacados ayer entre los principales logros de política exterior.

China, conviene recordarlo, era un país destruido tras la segunda guerra mundial y tan pobre como el África Subsahariana en 1979. Hoy es, sencillamente, una economía muy grande de renta media. Y, según lo escuchado ayer, el reto ahora parece pasar por reverdecer los laureles de aquella China imperial hegemónica anterior a las invasiones del siglo XIX. Ayer, por cierto, también hubo referencias explícitas a la victoria china sobre Japón en 1945. Dadas las disputas territoriales abiertas actualmente por el archipiélago Diaoyu-Senkaku, y los recelos que tiene Japón ante la emergencia económica china, éste es otro mensaje a tener muy en cuenta.

 

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Acerca de Alberto Lebrón (82 artículos)
Economista Investigador en Renmin University of China (中国人民大学) y Corresponsal para toda la Región del Pacífico desde 2009.

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