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Adiós, Mister Wang

Artículo publicado en CONSEJEROS ¦ 

Estos días he tenido que viajar a España dos semanas. Y asisto, no sin cierto estupor, a lo que podríamos denominar “autarquía virtual”. La política exterior, dentro del debate público español, apenas tiene peso. Asia-Pacífico, una región con dos de las tres primeras economías mundiales, sigue siendo la quinta prioridad para nuestro país. Y acabamos, también, de darle un portazo en toda la cara al segundo inversor del planeta: China.

Según estadísticas internacionales, China realizó inversiones valoradas en unos cien mil millones de dólares durante 2015, solamente superada por Estados Unidos. Sin embargo, España está recibiendo tan sólo el 10% de toda la inversión china que llega, por ejemplo, hasta países como el Reino Unido. Alemania, Francia, Portugal, Italia, Holanda, Hungría o Suecia han recibido ya más inversiones chinas que España. Y en turismo, donde España es segunda potencia mundial, resulta difícil justificar nuestros trescientos mil turistas chinos frente a los ocho millones que recibe Francia. China, es preciso tener esto en cuenta, ha superado a Estados Unidos como primer emisor mundial de turistas (con un gasto total superior a los doscientos mil millones de dólares solamente durante 2015). Pero ahora, como comentábamos anteriormente, Wanda Group ha puesto a la venta el emblemático Edificio España, comprado al Banco Santander por 265 millones de euros en 2014. Wanda pretendía invertir unos 700 millones de euros en construir un lujoso complejo hotelero con apartamentos y varios establecimientos comerciales. Para ello, debía acometer una reforma integral del inmueble y, según sus planes, era preciso desmontar la fachada temporalmente. La protección del edificio impide cualquier desmantelamiento, aunque tras las obras se pretendía restituir tal y como está hoy, lo cual parece haber abortado este ambicioso proyecto. Las inversiones del grupo en Campamento, donde quería construir cien mil apartamentos, y Marina D’or, también han quedado paralizadas.

La alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, dijo textualmente que “los chinos estaban amaestrados”, según ha podido saber CONSEJEROS, días antes de que Wanda decidiese “reestructurar” su oficina en España. Días después, además, salió publicado en los medios chinos que Wang Jianlin, el presidente de Wanda, aseguraba sentirse tratado “como un perro”. Esto último fue desmentido por la compañía, quizás para evitar más conflictos, porque quienes aseguraron tener a los chinos amaestrados bien pudieron hacerle sentir así. El caso es que lo de Wanda no saldrá gratis para un país tan necesitado de inversión extranjera como España.

Antes de realizar cualquier inversión todos los chinos se van a preguntar cómo le fue a Wanda”, me comenta Charles Huang, del fondo Juzhi Investments. “Wanda, o Fosun, son modelos para la inversión de China en otros países”, concluye. Significa esto que, en el mejor de los escenarios, la inversión china va a retrasar sus proyectos para España. Otros, desafortunadamente, nunca se realizarán. Y las pérdidas, en términos de inversión y empleo, son algo que sólo notaremos mientras sigamos necesitando del capital internacional para intentar dejar la crisis atrás.

China está emitiendo ciento veinte millones de turistas al extranjero todos los años. Y solamente el año pasado invirtió dieciocho mil millones de dólares en toda Europa. Tratar así a uno de los principales inversores chinos dedicados al turismo es, como poco, una estrategia equivocada. Wanda, es cierto, también reconoce sus errores. Uno, el fundamental, fiarse de las palabras del anterior consistorio cuando la legislación en vigor desaconsejaba su inversión. Es razonable pensar que el Partido Popular prometió a Wang Jianlin una reforma regulatoria para poder realizar la susodicha reforma. La prensa china, haciendo autocrítica, llegó a publicar que es contraproducente invertir justo antes de unas elecciones. Y la opacidad por parte de Wanda, como suele ocurrir con casi todas las empresas chinas, ha sido total durante todo este proceso. Los chinos, en China, solamente han necesitado tener buenas relaciones con el gobierno para llevar a cabo cualquier negocio. La opinión pública, en muchos sentidos, ha sido siempre secundaria. Y tanto la relación personal como las promesas políticas de que un determinado proyecto puede ejecutarse también suele estar por encima del marco legal o regulatorio allí. En España, sin embargo, las leyes y la opinión pública han sido suficientes para frenar a uno de los primeros grupos de inversión del mundo. La confianza personal está rota y, salvo milagro, Wang Jianling está cerca de abandonar el Edificio España. Cierto es que se intentó hacer un negocio a la china, en España, donde las cosas funcionan de manera muy diferente. Y la parte española, con Partido Popular y Ahora Madrid, han gestionado todo esto de manera absolutamente contradictoria. Pierde Wanda, tiempo y dinero. Pero también pierde España.

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Acerca de Alberto Lebrón (82 artículos)
Economista Investigador en Renmin University of China (中国人民大学) y Corresponsal para toda la Región del Pacífico desde 2009.

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