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El mandato del cielo (天命)

Hoy quiero reflexionar sobre la situación política del gigante asiático desde una perspectiva histórica y cotidiana ¦

Las libertades no son patrimonio exclusivo de ningún régimen político. Opino que cualquier colectivo, para empezar, tiene el derecho inalienable a organizar una manifestación libremente. Opino, igualmente, que la prensa china no debe estar sometida a censura. Y también creo que el bloqueo de internet, en una gran nación como ésta, es francamente patético.

Sin embargo, las realidades sociales hay que tratar de analizarlas desde cierta distancia y desapasionadamente. Es absolutamente necesario, para empezar, diferenciar entre el gobierno y su pueblo. Los chinos no son el partido comunista ni viceversa. El partido comunista es, a lo sumo, sólo una parte de China. Y las fuerzas sociales aquí, si hacemos una comparación realista con otras dictaduras de naturaleza similar como Corea del Norte o Arabia Saudí, tienden al equilibrio. Incipientemente, al no existir transición política que haya sido anunciada con años de antelación, pero esa tendencia me parece innegable.

La democracia, aquí en Asia, es una realidad importada recientemente desde Occidente. En Japón sólo gobierna desde hace setenta años, y casi de forma ininterrumpida, un solo partido llamado LDP. En Taiwan, una joven democracia con apenas veinte años, gobierna el partido ejecutor de las mayores masacres jamás vistas allí. El Kuomintang, además, comparte enseña con la bandera del país. Y en Corea del Sur, por último, está gobernando la nietísima de quien fuera el dictador allí entre 1962 y 1979. Personalente opino que la cultura política en esta zona del mundo no tiene relación alguna con las democracias occidentales o el common-law system anglosajón. Y sí tiene más relación, sin embargo, con algo que aquí en China se conoce como el mandato divino o 天命.

El origen del mandato divino puede encontrarse, hace tres mil años, en dinastías imperiales chinas como la dinastía Zhou. Según este razonamiento, el emperador podía gobernar sin oposición. Pero, si gobernaba mal, perdía el favor del cielo y sus súbditos le podían derrocar. Gobernar mal, hasta ahora, podía entenderse como fracasar a la hora de garantizar el desarrollo económico del país. Ahora bien, y una vez alcanzado cierto desarrollo económico, habrá quien entienda que gobernar mal está relacionado con no respetar las libertades individuales. Por tanto ¿Debemos esperar una transición democrática liderada por el propio partido comunista para mantener ese mandato divino y las cuotas de poder asociadas al mismo? Mi opinión es que sí.

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Acerca de Alberto Lebrón (82 artículos)
Economista Investigador en Renmin University of China (中国人民大学) y Corresponsal para toda la Región del Pacífico desde 2009.

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