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¿Hacia la internacionalización del RMB?

Quienes disfrutamos del fútbol sabemos que una llamada puntual de cualquier selección nacional, y luego triunfar en ella, son dos cosas muy diferentes ¦

En España, por ejemplo, hay futbolistas internacionales que solamente han durado una convocatoria o dos. Y otros, como Iker Casillas, han tardado ocho años en levantar su primera copa. China, tras la reciente inclusión del yuan como divisa internacional, podemos decir que ha sido convocada por primera vez para disputar los partidos de selecciones. Sin embargo, lo relevante ahora será ver si la divisa china alcanza sus objetivos y consigue algún título importante como moneda de reserva del FMI. El yuan fue incluido este mes como moneda ponderada de los Derechos Especiales de Giro (DEG). Estos DEG, sin apenas relevancia en los principales bancos centrales del mundo, representan una unidad monetaria emitida por el Fondo Monetario Internacional. Su valor es una media ponderada del dólar estadounidense (41,73%), euro (30,93%), yuan chino (10,92%), libra esterlina (8,09%) y yen japonés (8,33%). Y solamente se puede intercambiar entre estas monedas. Su influencia práctica sobre la economía mundial, por tanto, es del todo irrelevante.

¿Qué importancia tiene, entonces, la inclusión del yuan chino dentro de este selecto club? Bueno, en primer lugar, a este all-star monetario sólo pueden acudir las mejores divisas. Aquellas que se utilizan internacionalmente por todos los países. Y el yuan viene siendo la segunda divisa más utilizada del mundo. Ahora bien, el yuan chino no cotiza en los mercados internacionales de divisas, por lo que ningún país mantiene esta moneda como reserva. Algunos países sí tienen yuanes, sin embargo, derivados de swaps o intercambios puntuales para facilitar sus relaciones comerciales con China. Pero nadie, por lo general, desea tener una moneda que no puede cambiar libremente en ningún lugar (ni tan siquiera China).

Sin embargo, el yuan ahora sí que empezará a actuar como moneda de reserva. El FMI podrá vender Derechos Especiales de Giro y comprar yuanes para después inyectar estos últimos en cualquier país que necesitase un rescate. O China, por su parte, podrá comprar DEG a Reino Unido y pagarlos en yuanes. De una manera u otra, está claro que podemos ver más yuanes en las reservas de los bancos centrales.

Pero ¿Para qué queremos yuanes si después no los podemos cambiar ni especular con ellos? ¿Para comerciar con China? Está claro que, para comerciar con China o cualquier otro país del mundo, no necesitamos yuanes porque hay monedas más populares como el dólar. Entonces ¿Qué sentido tiene la inclusión del yuan como moneda de reserva internacional por el FMI? La respuesta, sin duda, es sencilla. El seleccionador ve potencial en esta divisa como moneda global pero todavía debe demostrarlo sobre un terreno de juego. Con otras palabras, si China quiere seguir acudiendo a la selección, tendrá que liberalizar su balanza de capitales y permitir una convertibilidad plena del yuan antes de 2021. Dentro de cinco años, el FMI volverá a evaluar el rendimiento de las cinco divisas que hoy son consideradas “de reserva internacional”. Deberá evaluar, por supuesto, si compensa o no tener al yuan. Y ello dependerá, por supuesto, de que los tenedores internacionales de yuanes puedan cambiar libremente esta divisa para comprar e invertir en otras partes del mundo que no sean necesariamente China.

Todo esto implica, además, que China deberá renunciar al control del tipo de cambio para estimular su crecimiento económico vía exportaciones. Como sabemos, la plena convertibilidad de una divisa junto con una política monetaria independiente solamente se puede llevar a cabo si existe un tipo de cambio libre. La otra alternativa, posible pero improbable, es que China decidiese seguir manteniendo el control del tipo de cambio a la vez que liberaliza la balanza de capitales, lo cual exigiría renunciar a su independencia en materia de política monetaria. Esto último no está previsto que suceda.

Para que dicha reforma económica y financiera tenga lugar, sin ocasionar una fuga de capitales letal para China, el gigante asiático va a tener que reformar su sistema financiero. Hacer que los tipos de depósito sean más altos y atractivos. Dar un papel protagonista a los mercados de bolsas y bonos. Y todo ello, sobre el papel, debería desincentivar también las inversiones a tipo bajo del sector estatal que serían sustituidas por una asignación del capital más acorde a las reglas del mercado (en bancos con tipos liberalizados y mercados libres de capitales y valores). Hoy China ha recibido la llamada del seleccionador. Pero otra cosa muy diferente es que se termine confirmando como potencia económica global y cumpla con las expectativas creadas para 2020.

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Acerca de Alberto Lebrón (82 artículos)
Economista Investigador en Renmin University of China (中国人民大学) y Corresponsal para toda la Región del Pacífico desde 2009.

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