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La reforma y los círculos del poder en China

Cualquier reforma económica que decide emprender la dictadura china exige un amplio consenso dentro del partido comunista ¦ 

Como nos comentan las fuentes, aunque el número uno del régimen quiera adoptar una decisión, nunca podrá sacarla adelante si otros rangos inferiores no están conformes con ésta. Otro punto importante para el análisis es que cualquier reforma se adoptará siempre de manera gradual. Un ejemplo puede ser la liberalización del comercio exterior, con la creación de zonas económicas especiales a principios de los ochenta, si bien no fue hasta dos décadas después cuando China ingresó en la OMC. Cualquier reforma, por tanto, siempre se hará de manera experimental (la internacionalización del yuan se está testando en los mercados offshore y, de manera mucho más limitada, dentro del área especial de libre comercio de Shanghai). En cualquier caso, y como ocurre con todos los experimentos, consensuar una conclusión definitiva que permita expandir dichas reformas a nivel nacional exige lustros o décadas. China, es importante entender esto, tiene muy presentes los efectos adversos de liberalizaciones bruscas como la rusa entre 1992 y 1996.

La inclusión del yuan como ponderación de los derechos especiales de giro indica que la balanza de capitales podría liberalizarse gradualmente alrededor del año 2020. Liberalizar la balanza de capitales, como sabemos, significa permitir el uso del yuan como divisa internacional y exige una reforma integral del sistema financiero (liberalización de los tipos de interés y mejora de alternativas para colocar los ahorros como la bolsa). Para la reforma del sector estatal, donde se pretende introducir una mayor competencia y competitividad, el calendario es algo más difuso. “Seguramente todavía no existe un consenso necesario sobre ambas reformas dentro del partido”, explica Ding Xiaoliang, de la Academia China de las Ciencias Sociales, “pero sabemos que se están debatiendo y cualquier decisión en firme puede ser anunciada mañana por la CCTV”. La reforma del sector estatal significa, además, que monopolios y monopolistas tendrán que ceder poder. El debate público, dada la naturaleza política del mismo, está mucho más restringido. Existe un lobby de las empresas estatales muy reacio a realizar concesiones. Los directivos de las grandes compañías públicas chinas son miembros del partido comunista que cuentan con el beneplácito de una o varias familias influyentes. Es posible decir, según explica Ding Xiaoliang, que dichas familias también ejercen su poder a través de las empresas del sector estatal. Un poder que, dicho sea de paso, se deriva del dinero obtenido mediante todas estas actividades económicas controladas por el estado o partido. Cuando el primer ministro chino, Li Keqiang, subraya que el precio debe ser un reflejo preciso del coste y valor de las cosas, sin duda, está expresando su voluntad de acabar con los monopolios estatales. Y se plantean dos vías para ello:

1) Abriendo las empresas estatales a la inversión y gestión privadas para mejorar su eficiencia. Zhu Jianmin, diputado de la Asamblea Nacional Popular, me comentó en una entrevista que “se están abriendo nuevas oportunidades para la inversión de los extranjeros en China”. Es fácil deducir que se puede acabar abriendo el melón, gradualmente, de sectores estratégicos como son la energía o las finanzas.

2) Abriendo las industrias monopolísticas a nuevos actores para crear una competencia de mercado. Con esto, sencillamente, se pretende reducir el precio de los bienes ofrecidos mientras aumenta la cantidad (sabemos que un monopolio maximiza su beneficio ofreciendo menos bienes, y más caros, que varias empresas en competencia perfecta). “Un ejemplo flagrante son los servicios móviles”, comenta Liang Qiao, de Renmin University, “China tiene el mega más caro que en países donde hay competencia como Japón o Corea. Y esto también genera descontento social”. Liang considera que, una vez realizada la inversión en infraestructuras de comunicación, los costes se reducen, pero el monopolio no tiene incentivos para bajar los precios si con ello puede seguir maximizando sus beneficios. China Unicom, en principio, se postula como uno de los principales perdedores si el gobierno chino decide liberalizar el sector de las telecomunicaciones. En otros sectores estratégicos, como el eléctrico o el petrolero, también se intuyen ciertas reticencias hacia la reforma propuesta del sector estatal. El gobierno quiere apoyo político de los ciudadanos”, explica este mismo analista, “que las empresas estatales obtengan más o menos beneficios es secundario”.

Sin embargo, los empresarios del sector estatal, y las familias del partido que se están enriqueciendo con una situación de privilegio, no desean ver reducidos sus beneficios. Introducir más competencia, y reducir el poder absoluto de los monopolios, beneficia a los consumidores (que son percibidos como la base del apoyo político al gobierno pese a no votar). Pero, por otra parte, las luchas internas también podrían destruir al partido de producirse algún tipo de disidencia o guerra abierta. Li Keqiang, como abanderado de esta reforma, deberá encontrar un punto de equilibrio. “Las posiciones maximalistas, de monopolio total o liberalización completa, están descartadas”, coinciden nuestros analistas. La reforma nunca podrá ser del 100%. “Habrá que encontrar ese punto donde los empresarios del sector estatal no queden descontentos del todo mientras se mejora, simultáneamente, la situación de unos consumidores que demandan más y mejores servicios a precios mucho menores”, señala esta misma fuente. Los grandes empresarios del sector estatal, además, son conocedores de sus límites porque están supeditados a la autoridad del partido. “Se les escucha, sin duda, pero en ningún caso podemos decir que tienen poder suficiente como para paralizar cualquier reforma necesaria en China”, editorializaba recientemente la revista Caixin.

La reforma del sector estatal, si bien no será una tarea sencilla porque el propio primer ministro anunció que habrá perdedores, es previsible que avance. No será una reforma radical, quizás del 80% o menos, pero terminará siendo. Se trata, como nos comentaban antes las fuentes, de encontrar el punto donde empresarios del sector estatal y consumidores no estén descontentos. Una prueba es que, en algunas provincias y ciudades pequeñas, se están introduciendo estaciones eléctricas que no pertenecen al monopolio de China State Grid. “Los lobbies eléctrico y energético ya han asumido que la reforma es inevitable”, asevera Mao Yushi, del Unirule Institute of Economics. “Ahora su estrategia pasa solamente por minimizar sus propias pérdidas de beneficio, poder y adaptarse”, concluye. Unos lobbies, insisto, que están en las empresas pero también dentro del partido. “Uno no llega a presidente de una gran petrolera china sin estar apadrinado por alguna familia influyente del partido comunista”, aseveran todos los expertos consultados. Pero todos son conscientes de que deben abrir la economía para que el consumidor medio, y otras empresas menos relacionadas con el partido, puedan sentir los beneficios del desarrollo económico experimentado estos últimos años en China. Telecomunicaciones, energía y petróleo parecen los sectores más reacios a la reforma del sector estatal. Los bancos estatales también miran con cierta desconfianza la reforma financiera que hay en marcha. Pero existe la impresión general de que estas reformas se aceptan como inevitables, si bien se harán por consenso y con mucho tacto, sin urgencias a la hora de negociar los nuevos equilibrios.

 

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Acerca de Alberto Lebrón (82 artículos)
Economista Investigador en Renmin University of China (中国人民大学) y Corresponsal para toda la Región del Pacífico desde 2009.

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